12/12/2008

La Defensoría del Pueblo recibió a Mathilde Rost, trabajadora comunitaria chilena que ayuda a niños de todo el mundo afectados por las guerras

La chilena Mathilde Rost, quien hace 35 años vive en Alemania y trabaja para una organización internacional encargada de rehabilitar a niños afectados por las atrocidades de distintas guerras, visitó este viernes la Sede Rosario de la Defensoría del Pueblo de Santa Fe, donde de reunió con la Defensora Adjunta A/C para la Zona Sur, Liliana Meotto, y compartió con profesionales de la institución los pormenores de su gran tarea humanitaria.

La chilena Mathilde Rost, quien hace 35 años vive en Alemania y trabaja para una organización internacional encargada de rehabilitar a niños afectados por las atrocidades de distintas guerras, visitó este viernes la Sede Rosario de la Defensoría del Pueblo de Santa Fe, donde de reunió con la Defensora Adjunta A/C para la Zona Sur, Liliana Meotto, y compartió con profesionales de la institución los pormenores de su gran tarea humanitaria.

Meses antes del golpe de Estado de Augusto Pinochet en 1973, Mathilde dejó Chile y se radicó en Alemania junto a su esposo, de nacionalidad germana. Allí, tras el comienzo del gobierno de facto, comenzó asistiendo a trasandinos que llegaban a Europa exiliados. Más tarde empezó a trabajar en un hospital y, en 1988, se convirtió en funcionaria de la Unicef (el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia).

No conforme con ello, hace diez años Mathilde se sumó a Friedensdorf Internation, organización con sedes en numerosos países del mundo que se encarga de recibir y mejorar la calidad de vida de cientos de menores provenientes de países en guerra, como Angola, Afganistán, Irak, entre otros.

"Mi fuerte es hacer labor comunitaria y ahora que estoy jubilada tengo más tiempo", indicó Rost, quien recientemente cumplió 69 años, durante la reunión que mantuvo con Meotto, el Director del Centro de Asistencia a la Víctima, Dr. Guillermo Benetti, y la Subdirectora General de Extensión y Relaciones Institucionales de la Defensoría, Lic. Viviana Della Siega.

"Doy gracias a Dios porque puedo hacer esta labor", expresó Mathilde, quien agregó que su familia está muy comprometida con la tarea comunitaria. "Mi madre trabajaba para los heridos de guerra. Y mi marido pasó una guerra y él está muy contento con que yo haga esto", explicó.
Al referirse puntualmente a la tarea de Friedensdorf, Rost explicó que la organización se financia por "aportes de particulares" y señaló que el principal objetivo es contener, asistir y reinsertar en la sociedad a niños de distintos puntos del planeta (la mayoría no tienen padres porque fueron abandonados o los perdieron en guerras) afectados física y psicológicamente por conflictos bélicos.

"Se integran tan rápido", se alegró la psicóloga, al comentar que, luego de la rehabilitación, la institución "les da una maleta con todo lo que necesitan" y los envía a casas especiales en "sus países de origen". "Hay muchos que se ofrecen para adoptarlos, pero nosotros no nos encargamos de eso", añadió.

Finalmente, Mathilde, dejó un mensaje para todas las mujeres: "Si cada ama de casa diera 2 horas diarias de su vida para hacer tarea comunitaria se sentiría mucho mejor. Porque este trabajo te da mucho, te llena de satisfacción. Y además el día tiene otras 22 horas".